El Lubeton




Plaza de armas.....Tenía doce años de edad y una ceremonia que allí se realizaba llamó mi atención. Un grupo de hombres ceremoniosos vestidos con traje oscuro pese al sofocante calor de la mañana, plantaba un árbol. Entre ellos, pude distinguir a conocidos hombres de negocios, a representantes destacados de la ciudad y a un compañero de estudios que acompañaba a su padre.
El árbol que plantaban era una Acacia, al que llamaron “árbol de la fraternidad”. De los discursos que escuché a esas personas que extrañamente se llamaban hermanos entre si, recuerdo sólo algunas palabras que llamaron mi atención: “Templo Interior”, “Perfeccionamiento” y “Gran Arquitecto del Universo”. Hoy tal vez, no evocaría ese episodio, si al día siguiente no se me hubiese ocurrido preguntarle al profesor de mi clase, acerca de esas palabras y de esa ceremonia. Entonces, por primera vez, escuché hablar de los masones y de la Masonería. Mi profesor era un Hermano Marista y en aquellos tiempos, la iglesia Católica tenía una posición muy beligerante para con esta Orden y para con sus integrantes.
El Hermano Marista durante toda la semana nos machacó a los alumnos de la clase, acerca de “esa organización de hombres malvados que realizan misas negras en honor del Maligno y que hasta compran a malos católicos, hostias consagradas para pisotearlas y bailar encima de ellas”. Después de cada perorata del profesor, aprovechamos los recreos para pedirle a nuestro compañero hijo de masón, desmentir o confirmar tales afirmaciones. El lubetón hizo suya la defensa de la institución de su padre y lo hizo con decisión y sin tregua, con pasión y sin temor, esgrimiendo argumentos con tal poder de convicción, que hoy, después de tantos años, lo recuerdo con ternura y admiración. Porque sin proponérselo, hizo que de una clase tan pequeña como la nuestra, por lo menos cuatro de sus miembros se interesaran  en una búsqueda  y abrazaran con orgullo la noble causa de la Masonería.
........... nadie te obliga a buscar luz eso nace nadie te obliga entender y dejar de lado tradiciones familiares que por respeto no las discutes solo las escuchas no las celebras solo las evitas y tratas de ver el por que de esa celebración  religiosa siempre en busca de la verdad esa que nadie te la dice esa que solo tu necesitas buscar llegar a un equilibrio y despertar la consciencia esa que necesitas para renacer para seguir viviendo necesitas morir en vida para renacer y empezar de cero y ser un buen recipiente ....

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