Construido en el año 1235. Este es el más famoso de los
laberintos medievales, y uno de los que
se encuentra mejor conservado en la
actualidad, aunque la imagen original del Minotauro central hace mucho fue eliminada – como en otros laberintos de su
época .
– En la Edad Media se lo llamaba la legua de Jerusalén, en referencia a los que lo recorrían descalzos o de rodillas como sustituto del viaje a Tierra Santa, aunque en su más amplio sentido se aludía a la Jerusalén Celestial por venir del Apocalipsis.
– En la Edad Media se lo llamaba la legua de Jerusalén, en referencia a los que lo recorrían descalzos o de rodillas como sustituto del viaje a Tierra Santa, aunque en su más amplio sentido se aludía a la Jerusalén Celestial por venir del Apocalipsis.
Gracias a los investigadores culturales y a los hallazgos de
la (1)radiestesia, se ha descubierto que la mayoría de las catedrales
góticas europeas están construidas sobre
sitios de cultos previos, especialmente
druidas, los que en sí mismos eran escogidos por ser lugares de
poder, es decir, de concentración de
energías telúricas. La radiestesia descubre
y sigue las corrientes energéticas del planeta, que suelen disponerse en forma de rejillas, de las
cuales el mundo científico ha reconocido
algunas, como las rejillas de Hartmann y de Curry. Cuando coinciden dos o más rejillas en un punto, más
corrientes subterráneas, más una falla
tectónica, se trata de un punto fuertemente cargado o sitio de poder, que ha sido el lugar escogido
para los cimientos de las principales
catedrales góticas medievales. Dentro de ellas hay además puntos de máxima energía que por lo general
se ubican en el altar mayor, en el
crucero, y en el laberinto.
(1) La radiestesia es una actividad pseudocientífica que se
basa en la afirmación de que los estímulos eléctricos, electromagnéticos,
magnetismos y radiaciones de un cuerpo emisor pueden ser percibidos y, en
ocasiones, manejados por una persona por medio de artefactos sencillos
mantenidos en suspensión inestable como un péndulo, varillas "L", o
una horquillaque supuestamente amplifican la capacidad de magnetorrecepción del
ser humano.
La Catedral de Chartres se
encuentra sobre una colina prehistórica que ya había visto
incendiarse cinco templos católicos
previos sobre un antiguo sitio de culto druida,
encima de una gruta subterránea. Las mediciones han detectado, en
su laberinto construido en 1235 – la
confluencia de cinco corrientes
subterráneas, más una falla, más unas inusuales rejillas de líneas dobles de radiación de oro y líneas dobles de
radiación de plata, siendo su centro el
punto de más alta vibración. En su diseño circular, el laberinto de Chartres sigue la tradición del
laberinto de Otfrid de 11 galerías, en
un trayecto de aproximadamente 260 metros de longitud y un diámetro de trece metros, el que era
recorrido por los peregrinantes de
rodillas, de la periferia al centro, cuadrante por cuadrante, en poco más de una hora. Se dice que esta longitud
sería la misma que la recorrida por Cristo
entre el juicio y el monte Gólgota.
En la pared occidental al laberinto de Chartres se
encuentra un rosetón de vidrieras
multicolores, y bajo él, vidrieras ojivales, por donde se proyecta la luz al laberinto. En la vidriera
central, una imagen de la Virgen es
proyectada al centro del laberinto todos los años el día 22 de Agosto, día que correspondería al 15 de
Agosto del calendario juliano medieval,
fecha en la que se conmemora la Asunción de la Virgen. Desde el centro del laberinto a la base de esta
pared hay 31,75 mt., la misma distancia
que hay entre el primer punto y el centro del rosetón, y entre el laberinto y la puerta de la fachada. El
laberinto y el rosetón tendrían el mismo
diámetro. En el laberinto original de Chartres, al igual que en el de las catedrales de Reims y
Amiens, se cree que se encontraban
inscritos los nombres de sus maestros constructores, constituyendo así, además, una suerte de
sello espiritual de la catedral.
El laberinto de Chartres, como punto de máxima potencia dentro de la catedral, facilitaba la
transformación íntima de quienes lo
recorrían, al elevar su vibración energética, y por lo tanto su nivel de consciencia. Así, mientras el
feligrés hacía el ritual de penitencia,
o peregrinaba simbólicamente a Jerusalén, era posible que sin advertirlo – elevara su vibración
despojándose en el camino de lo más
tosco y armonizándose por resonancia con octavas más sutiles en esta verdadera espiral magnética de contacto
potencial entre lo profundo de la tierra
las fuerzas telúricas concentradas – y lo infinito del cielo. El laberinto de Chartres es un lugar de poder
multidimensional dentro de un recinto
sagrado, instituido por centurias de culto superpuestos.
De algún modo, la
misteriosa representación del Minotauro original en el centro del laberinto de Chartres
(reiterado en otros laberintos góticos),
remite a la antigüedad pagana, a su mitología y al antiguo desafío délfico: Conócete a ti mismo y
conocerás a Dios. Como tal, el laberinto
es también es un símbolo solar, al igual que la espiral druida, con una periferia que remite al
centro, o al origen.
Tras la superación de los aspectos inferiores, la
posible rendición y entrega a la
vibración superior, en un eventual triunfo del espíritu sobre la materia, del Yo Superior sobre el ego, de lo
eterno por sobre lo perecedero.
El laberinto puede
ser concebido como un viaje más allá del
tiempo y el espacio, como un sitio mágico y mítico, como un espacio a la vez psíquico y cósmico donde es
posible una conjunción central en un
punto de unidad. La unidad central que remite a la periferia y viceversa, el ocultamiento del
centro y su revelación, es el gran tema
del laberinto. Tal como el laberinto físico es más que un plano, el punto central no es un punto, sino
que un campo energético multidimensional
que posibilita el contacto vertical. En este sentido nos remite, por analogía, con el punto Nueve
del Eneagrama.
En síntesis, el laberinto de una sola vía nos
conduce dentro del camino ya encontrado
hacia el centro vislumbrado, presentido o largamente anhelado, para quienes son capaces de
experimentarlo.




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